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Agua para algunos

Agua para algunos

"No me he manifestado por las calles ni he acudido a los políticos de turno cuando mi negocio y pequeña hacienda ha sufrido como la de tantos otros pequeños empresarios y profesionales en la pasada crisis"

23.12.2017 | 19:18 | Opinion

El problema de vivir tanto tiempo en Murcia es que hay temas que llegan a ser aburridos y extenuantes por su propia y tediosa repetición. Y es que el sufrimiento sin perspectiva de terminación lleva invariablemente a la melancolía del doliente. Hablo, claro, del agua, o la falta de la misma en esta Región. Un asunto cansino, cuya solución carece del más mínimo horizonte, al menos en los términos en los que se plantea en Murcia: solidarízate conmigo y dame tu agua, que después, por cierto, me servirá para generar valor en forma de productos agrícolas y ganar una pasta al venderlos. Perfectamente legítimo por otra parte. Pero una industria y un negocio privado, sin darle más vueltas.

Y es que a todos los ciudadanos de esta Región nos acaba embargando la melancolía cuando tenemos que asumir como propios, vía titulares y manifestaciones reiteradas, los problemas de una industria y de unos empresarios ajenos que, por lo demás, tampoco repartieron conmigo sus ganancias, ni me invitaron a comer ni a un mísero plato de migas cuando obtenían pingues beneficios y la cosa les iba de coña. Y es que el Trasvase Tajo-Segura volvió ricos a más de uno, poseedores afortunados de tierras de secano que, por arte de la ingeniería hidráulica y de ese estupendo político que fue Joaquín Garrigues, se transformaron de un día para otro en feraces y productivos regadíos. Al igual que años más tarde, por cierto, los poseedores de esas mismas tierras de regadío las transformaron una vez más en oro mediante el cambio de su calificación para hacer campos de golf, y su respectiva urbanización para guirilandios.

En la medida en que la riqueza que genera un sector o una industria beneficia al resto de la sociedad vía inversión, trabajo o impuestos, bienvenida sean las transformaciones y posterior enriquecimiento. Soy defensor acérrimo del capitalismo salvaje, así que me importa un pito que un empresario que arriesga dinero con su actividad emprendedora.

Pero lo que no aguanto ya es que, ahora que que el negocio está siendo perjudicado por la falta de agua, sea por la sequía o por la aparente insolidaridad de otras regiones españolas, que por lo visto nos deben el agua que les sobra, nos den una tabarra continua, ante la que no siento, sinceramente, el más mínimo respeto. Entre otras cosas porque yo no me he manifestado por las calles ni he acudido a los políticos de turno cuando mi negocio y pequeña hacienda ha sufrido como la de tantos otros pequeños empresarios y profesionales en la pasada crisis. De hecho, las empresas agropecuarias y de alimentación fueron algunas de las que menos sufrieron. Al fin y al cabo, hasta el más pobre y miserable tiene que comer todos los días para sobrevivir.

El agua, definitivamente, es para quien la tiene, por la más básica de las razones, como que llueve en esa zona o porque tiene derechos establecidos y reconocidos para su uso y disfrute. O también de quien la fabrica, y es capaz de asumir los costes de ese imput para elaborar su producto final, como por lo demás sucede en cualquier otra industria. El agua, como todo bien económico, es un bien escaso. Es verdad que antes abundaba más, y que se traía y se llevaba de una parte a otra de los países sin mucho problema. Pero esos tiempos han pasado y no merece la pena llorar sobre la tierra derramada.

En relación con el agua han pasado muchas cosas. La primera es que llueve menos, no sé si por efecto del cambio climático o por la oscilación periódica en forma de ciclos meteorológicos naturales. Y además, por esos guiños continuos que nos hace la naturaleza y el destino, llueve precisamente donde menos se necesita. Por lo demás, España es en la práctica ya una nación de naciones, nos guste o no. Eso significa que aquí se comparte cada vez menos, y que cada activo natural es patrimonio indivisible de cada pueblucho y de los paletos que lo habitan.

Y esto no se va a arreglar por mucho que los empresarios agrícolas de esta Región, incapaces o impotentes para adaptarse a las situaciones cambiantes del entorno, (como por lo demás tenemos que hacer los empresarios de cualquier sitio y de cualquier sector) gimoteen como plañideras y nos griten en la oreja continuamente lo del agua para todos. El agua para quien la tiene, o para quien la fabrica a costes competitivos, como cualquier otra materia prima.

A ver si os enteráis de una vez, y dejáis de comportaros como víctimas inocentes de tremendas injusticias sociales y políticas, en vez de empresarios con ánimo de lucro, que es lo sois o deberías ser, si tuviérais más iniciativa para ganar o más dignidad para perder.

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